Las palabras rozan, se tejen lejos, en ese exterior
afuera, debajo.
Mueren sublimes, enredadas.
Tu pelo, café pálido
absorto en...
Murmullos, latidos vagos
silencio.
Gritos de entrañas, plegarias rotas y
agonía.
Trozos de algo ido, perdido
retazos de...
Nudos de recuerdos, puntos
Delirio perturbante,
corazón
razón.
Caminante.
domingo, 2 de octubre de 2011
domingo, 7 de agosto de 2011
Se arrancó la piel, se despojó de ti y de un ser deplorable envuelto en el desvelo de tu mente. Rasgó el pecho y quebró el frío que dormía en tú alma.
La muerte palideció en tus ojos y anidó en tu suspiro una gota de paz. Tu piel fue papel y escribí en él las notas musicales de una canción desconocida. Las gotas de aquellas lágrimas rodaron al olvido de tu frente para luego ser parte de algo más que un cuerpo... la nada.
miércoles, 3 de agosto de 2011
Sonidos.
Tu mirada se volvió y me susurro lo que el espejo no me decía... era el tiempo que me acompañaba...
uno... dos... tres... sonó el reloj de la ausencia.
miércoles, 27 de julio de 2011
Un mal sueño.
Despierto y otra vez en esta cama roída.
No quiero levantar este cuerpo ni pensar un poco más.
Quiero inmovilizar al estratega de allí arriba,
ese que esta en mí cabeza y mueve el esqueleto malgastado que yace en estas cuatro paredes.
Lo sórdido se mezcla con tus suspiros y me anclas en tus recuerdos,
me sentí exhausta cuando desperté y quise dormir en esta realidad.
Apagaste el fuego y mi desenfreno con él.
Estás a mí lado, pero mí personaje no quiere interpretar su papel,
prefiere perderse dentro de esta atmósfera liquida y ahogarse en él.
Me asfixiaré de tus engaños y dejaré que me lleven lejos
aún cuando eso no sea nada.
Despierto y estoy aquí en esta cama roída... por ti.
No quiero levantar este cuerpo ni pensar un poco más.
Quiero inmovilizar al estratega de allí arriba,
ese que esta en mí cabeza y mueve el esqueleto malgastado que yace en estas cuatro paredes.
Lo sórdido se mezcla con tus suspiros y me anclas en tus recuerdos,
me sentí exhausta cuando desperté y quise dormir en esta realidad.
Apagaste el fuego y mi desenfreno con él.
Estás a mí lado, pero mí personaje no quiere interpretar su papel,
prefiere perderse dentro de esta atmósfera liquida y ahogarse en él.
Me asfixiaré de tus engaños y dejaré que me lleven lejos
aún cuando eso no sea nada.
Despierto y estoy aquí en esta cama roída... por ti.
domingo, 24 de julio de 2011
Nubes (incomprensible)
Me perdí volando, me perdí... pero aún sigo aquí.
Agité mis manos y las amoldé a un suspiro para luego sollozar sobre mis pensamientos.
Mi cuerpo se acurrucaba a mí soledad y con ella un embriagador aroma a nada.
Me abofeteo la distancia para despedazar aquél latido aún vivo que jugaba conmigo, pero por más que trató de matarlo reía y bailaba dentro de mí.
La pérdida, la desazón no pudo más y termino la vida puesta en bandeja al asesino, con su daga tocó lo más fino y apago la música de mí pecho...
Me perdí volando, me perdí... pero aún sigo aquí.... volando a tu lado...
domingo, 29 de mayo de 2011
Con o sin ti...
Se desgarró mi alma, se torció mí dorso y mis pupilas se secaron, aún estando aquí y no estando. Acaso no puedes ver que todo es daño, es angustia, es soledad...
Con o sin ti, lejos o cerca, duele aquí dentro, aquí en este espacio vacío o quizás lleno, aún no lo se.
Se perdió lo que busqué y me encontró lo olvidado...
sábado, 5 de marzo de 2011
Te veré pronto...
En la perdición de miles de palabras vi tú nombre. No pude evitar recordarte, no porque aún te siguiera amando, sino más bien por el sólo hecho de haberte conocido, ese hecho mágico y grandioso de desmembrar a una persona y llegar a conocerla tanto que, aún cuando no se pronunciara alguna palabra podrías intuir o hasta quizás saber lo que ocurría. Fue una de estas cosas por las cuales pasaste a ser de alguien ordinario a una persona fundamental en mí vida. No eras como cualquiera que conociera, tenías cosas peculiares y tan acogedoras que caías bien a cualquiera; una de ellas era tu risa, te reías como el resto, pero en tú sonrisa existía eso cálido que nunca pude saber que era. Siempre, cuando te veía, me dabas un abrazo fuerte y cariñoso y algunas veces sentía, en tus abrazos, que algo de ti se desprendía y me lo entregabas como un regalo. Quizás es algo estúpido mencionarlo ahora, pero creo que nadie transmite lo que tú transmitías, o al menos no lo he conocido aún. Tu carácter era liviano y casi nunca te ponías de mal humor y eso era lo que a todos le gustaba de ti. Creo que sólo una vez te enojaste en serio cuando insultaron a tu madre en aquella estación de tren, tenías los ojos fijos y serios, penetrantes. Me dio miedo verte así.
Tenías algo curioso cuando pensabas, te colocabas la mano en el mentón y te la frotabas, era cómico verte ya que parecías una caricatura. También recuerdo esa ternura juguetona y tímida que salía de repente de ti y que la ocultabas con tu agresividad sarcástica. Eras tan chistoso cuando hablabas tus estupideces, me hacías llorar de risa, y los que estaban a tu alrededor te seguían y se contagiaban.
Pero aún con todo ese derroche de alegría y felicidad yo sabía que de tras de ese brillo incesante de vida existía un espacio sombrío. Una vez en una borrachera me contaste como fue tú niñez, y de tantas cosas buena y malas, una me dejó con el corazón a mil... abusaron de ti. No pude contener esas lágrimas recordando tus palabras, quizás nunca lo hubiera sabido sino hubiéramos ido a ese carrete de la Pauli, pero se dio y de una manera algo inesperada lo supe y desde ese momento te vi como alguien valiente, fuerte y maduro. Dejaste a tras tanto, sin algún rencor que carcoma tu interior, sin algún temor que te consumiera, y eso es decir mucho ya que en otros casos nunca se llega a superar algo así. Entendí en ese instante de confidencia que tú no veías el mundo como yo y que aún me faltaba mucho por saber de las cosas.
Cuando terminaste de contarme me llegué a sentir absurda ya que mis problemas no eran nada, y en un arrebato te abrace y te dije al oído... hoy no estas solo, yo estoy contigo, y con esas palabras al viento como algo natural te comencé a querer.
Estaba escribiendo y vi tu nombre. No pude evitar recordarte. Hoy ya son diez años que no te veo...
domingo, 16 de enero de 2011
Silencio...
Quisiera poder expresar tanto... dejar que mi boca hable y mis labios despilfarren lo que hoy no puedo pronunciar. Acaso será que esta vez es mejor no decir nada ¿?... decidí que preguntarme no es la respuesta y que quizás he de callar, pero algo me dice que alguien está allá afuera... Y el silencio aguardo en la puerta esperando a un descuido para ingresar en nuestras sienes y arraigar poco a poco su vacío penetrante. Ahogaré en este vaso su desdicha y la pondré en mí paladar para luego besarte y terminar... terminar lo que nunca empezó.
martes, 4 de enero de 2011
La otra orilla...
Nos vimos envueltas en las mareas complejas e hirientes. Caí, pero seguí nadando. Te creí tener conmigo tomada de la mano, pero al verificar, me di cuenta de lo absurdo que fue mirar atrás. No sé si no supe sostenerte o mis dedos se deslizaron fuera de ti, sólo se que no te vi y pregunte al viento cuál fue tu camino a la orilla, el silencio permaneció y callé en ese instante.
¿Que pudo desligarme de ti?... creí tener las respuestas, pero a la vez luchaba por llegar a la orilla y te olvidé. Me sentía exhausta por ir contra la corriente, casi desfallecida y vulnerable, y aún así supe retomar el ritmo para seguir. Al llegar, el suelo se hizo mí cama y no pretendí pensar, sólo disfrute la calma y el descanso que me brindaba.
Me dormí en el silencio del ocaso y, al despertar, observé el lugar y me vi por primera vez en paz y libre, pero en un segundo cambio mí conciencia y sentí un viento helado que congeló mis extremos, te recordé y vi el horizonte lejano como buscándote, luego como un estallido de sensaciones una lágrima se deslizó por mi mejilla convirtiéndose más tarde en un sollozo incontrolable. Por única vez después de mucho tiempo me sentí nuevamente sola y desarraigada, lejos de todo y de todos... pero por sobretodo... lejos de ti.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)