lunes, 15 de septiembre de 2008

A ti.

Desperté, aún, con ganas de seguir durmiendo, ya era tarde para salir. Así es que decidí perderme por ahí. Iba caminando por aquél parque, ensimismada en mis pensamientos, lejos de todo, quizá cerca de lo lejano, no lo sé. Me senté para observar con más cuidado el paisaje que se presentaba delante de mi. Era uno de esos días soleados, como entre otoño y primavera. Recordé, sin intención, los veranos pasados, cuando éramos niños. Recuerdas esas veces que íbamos a la playa, tú con tu miedo inmenso al agua, no pudiste ni siquiera entrar. Me burlaba de ti siempre, que tiempos aquellos; o esa ves de la broma de la moneda, cuando te la escondí en el bolsillo de tu short, en la parte de atrás, mamá la buscaba sin cesar, y tu tan ingenuamente te sorprendiste al ver que la tenías, fue gracioso, todos nos reímos a carcajadas. Desde ahí quede como la "pilla"... aún dicen que lo soy. Hemos pasado buenos momentos juntos. Hoy somos adultos, y como los adultos, siempre discutimos, somos tan distintos tu y yo, y a la vez tan parecidos. Es confuso, lo sé, pero creo que no podríamos ser diferentes. Solemos ser hirientes, en algunas ocasiones, tanto que terminamos sin hablar, tú con esa terquedad de que siempre tienes la razón y yo con esas ganas de llevarte la contra, o ese cansancio que hace estragos en ti, llevando tu estado de ánimo a niveles insoportables. Es entendible, pero ten en cuenta que no vives solo. Buscando en mi memoria, divise esa vez que me encontraba llorando en mi cama, mamá me había golpeado por desobedecerla, fue algo estúpido, era muy caprichosa. Sentía aún el dolor en mis piernas por los azotes, lloraba sin control, en eso tú te acercaste, me abrazaste por la espalda y trataste de consolarme, "¿vamos a comer?, ya esta servido", tus palabras fueron cariñosas y tiernas, nunca lo voy a olvidar. Siempre te has preocupado por mi, como esas veces que me resfriaba, no me dejabas sola, estabas conmigo. Sigues, hasta hoy, con esa preocupación, pero ahora es más sublime. Me gustaría reanudar esas conversaciones nocturnas que teníamos, quizá hoy el tiempo no es nuestro mejor amigo, tu trabajo no nos deja espacio. Eres reservado sobre tus sentimientos, no dices nunca lo que sientes. Creo que en eso nos parecemos mucho, callarnos ante el hecho de amar a alguien, es ridículo ¿no crees?.


Pensaba esto, cuando me di cuenta de que ya era tarde, se me había pasado casi todo el día, estando en aquél lugar. Seguí mi camino, un poco volada por la música "How easy, it would be to show me how you feel More than words, is all you have to do to make it real Then you wouldn't have to say, that you love me Cos I'd already know", escuchaba More than words, me intoxicaba con su sentido, pero más que eso, con su melodía. Al llegar a casa no encontré a nadie, no era novedad, yo siempre llego antes. Fui directo a los álbums de antaño, donde estaban tus fotografías. Revise cada foto como buscando algo, y lo encontré, era esa foto donde estábamos, los dos, en un juego, de esos parecidos a los carruseles de caballos, sólo que estos eran naves espaciales. Me gusta esa foto, teníamos todo el tiempo del mundo. A la hora llegaste, con esa sonrisa incomparable de niño, y con esos apodos tontos que colocas a mi persona "chico", "negro", "sambo", "Marcela", que ocurrente eres, buscas cada momento para jugar. Al verte, me puse feliz de una forma poco común, supe de inmediato que, aún con tu forma de ser, tu practicidad para las cosas, tu mal carácter, y con las complicaciones de la propia vida, vas a estar ahí para mi y yo para ti. Te amo y siempre te amare, eres mi cable a tierra, mi conciencia cuando me desvío, la regla que le da dirección a mi vida, por eso cada día trato de ser mejor, aunque no lo vean aún y siempre me comparen contigo. Algunas veces siento que me observas y que ves más allá que los demás. Me alientas a seguir ¿sabes?. Es raro lo sé, algunas veces no soy lo que quisieras tener a tu lado, pero entiende que yo soy así, no puedo cambiar.

Al finalizar la tarde, me dijiste algo sorprendente, no me lo esperaba. "Te amo", dijiste y lloraste, porque hoy... era tu último día en casa.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Ocho de Septiembre.

Era uno de esos días de Septiembre medios calurosos con brizas frescas, anunciando la primavera. Nos juntamos en el Hospital, era día de visita. No recuerdo bien la hora, pero estabamos justos, ya estaban entrando. Encontramos a papá de pie esperando por nosotros, medio impaciente y decaido. Su padre estaba en aquella camilla. Recuerdo muy bien que a los pies de la cama, se encontraban unos médicos con algunos estudiantes, viendo el caso de mi abuelo. Note que tenía puesta una mascarilla para respirar, sus venas del cuello las tenía inflamadas, como cuando uno agota el aire de sus pulmones al momento de gritar. Mi papá y hermano salieron de la habitación, para hablar con tranquilidad, con el médico. Al quedarme sola contigo, no pude controlar mis emociones, sabía que algo ocurria, algo grave, en cierto sentido. No te dije nada, no pude, tenía un nudo grande en mi, quería explotar con mil palabras, decir cuanto te quería y que lo sentía por las cosas que hice y las que no, pero sólo hubo silencio, un silencio absurdo, porque a nuestro alrededor había un mundo. En ese instante de indecisión, giraste tu rostro hacia mi y te detuviste en mi mirada. Te observe fijamente, no dejando escapar ni un segundo. Tuve la sensación que se detuvo el tiempo entre los dos, fué inesplicable para mi. Comprendí inmediatamente tu mirada, no necesite palabras para escucharte, y creo que tu tampoco. Hubo en aquél momento muchas disculpas, volaron miles de perdón, pero sólo hubo un adios, que despues, sin esperarlo, lo viví. Al entrar mi padre a la habitación supe lo que se venía, "los médicos le dan una semana más de vida", dijo mi hermano. Con un "qué" contundente calle. Susurrandole al oido con lágrimas en los ojos, mi padre se encontraba, al lado de mi abuelo: " descansa papito, cumpliste con nosotros. Lo hiciste todo bien, mira a tus nietos, a tus hijos, lo lograste, hiciste un gran trabajo. Ahora sólo duerme", sin más, mi abuelo, poco a poco, dejó de existir. Nadie lo esperaba, nos dijeron: " los estaba esperando", al oirlo, sentí ahogarme en el dolor. Ví, por última vez, tu cuerpo, en aquel mesón de metal, tendido, aún tibio, pero ya sin vida. Recuerdo, que al llegar a casa, me derrumbe en mis sabanas, no pude más. Las lágrimas fluían sin control. El resto, tu velorio y tu entierro, fué fugaz. Era una realidad paralela. El vacio se hizo sentir después, sobraba el tiempo, creo que, en alguna forma, me hacías falta. Te extrañe.

Falleciste un Miercoles ocho de Septiembre a las doce y cuarenta y cinco de la tarde, te enterramos a los dos días después. Te quice, pero me di cuenta en los últimos días....perdóname.

En memoria de...

lunes, 8 de septiembre de 2008

Rosas rotas.

Uno, dos, tres....Nueve y media. No puedo acordarme exactamente porque accedí a venir, pero lo hiciste otra vez, me dejaste esperando en vano, quedamos a las ocho treinta y, como veo, ya pasó una hora, y ni una llamada, decidí retirarme en silencio..."mesero, la cuenta por favor". Me escabullí por las calles, como si quisiera escapar de algo en particular, aún había gente en ellas, pero yo era un fantasma, trataba de pasar desapercibido. La luna, como uña de gato, me sonreía en la inmensidad de la noche, estaba fría, hasta podría decir que estaba más helada que en otras ocasiones. No sabía porque caminaba, quizá necesitaba hacerlo. Mi auto estaba a pocos pasos de aquel restauran, pero me fui a una dirección distinta. Encontré un parque, había algunas personas en él, no pude evitar sentir un poco de envidia al verlas tan felices, pero al pasar los minutos eso se fue esfumando, y sin querer se convirtió en nostalgia. No se lo que ocurrió, pero se vino a mi mente miles de recuerdos de aquellos inviernos, con esas horas y horas de juegos de mesa, con las salidas a recorrer el bosque y a creernos exploradores, con esos momentos de sinceridad y con esas conversaciones largas hasta el amanecer de padre a hijo, o de "hombre a hombre" como decías tu, era adolescente en ese entonces y siempre estaba en las nubes. Fuimos tan felices como aquellos desconocidos del parque.... creo que aún más. Pero porque no recordar también cuando discutíamos por tonteras sin sentido, éramos muy necios los dos, no llegábamos nunca a un acuerdo, y alguien tenia que dar a torcer el brazo, como siempre, tenía que ser yo. Eras muy orgulloso, aún lo sigues siendo, "viejo terco" decía yo, "¿cuando cambiaras?", "nunca", me respondía. Somos tan iguales tu y yo, creo que hasta podría decir que sabes lo que pienso, con sólo mirarme sabías muy bien mi estado, no hacía falta las palabras contigo. "Esos tiempos", susurre, hoy ya no eres ni la sombra de lo que fuiste antes. Ahora vives en la amargura, llenaste tu corazón de enojo e ira, y todo por culpa de tu inmadures, de tu falta de fuerza, me hiciste falta cuando murió mamá, ¿donde estabas?, emborrachándote, le echaste la culpa por tu desgracia, "me dejó solo", decías, y llorabas desconsoladamente. Se muy bien que la amabas, pero abandonaste lo que ella te había regalado, un hijo. Crecí solo, tú nunca estabas, pero aún así siempre contaba contigo, las tarjetas para el día del padre, ¿recuerdas? Hoy esperé con ansias verte, hace mucho que no me hablabas, creí, quizá ingenuamente, que te acordaste de mi cumpleaños, pero me engañe, y como siempre no llegaste.


Levante la marcha y fui directamente a mi auto. Manejaba por inercia, quería llegar pronto a casa, estaba exhausto, no sabría decir porqué en realidad, pero lo anhelaba. Al llegar, encontré en el suelo, a los pies de la puerta de mi casa, una rosa y una nota. Decía en ella: "Feliz cumpleaños hijo.... discúlpame si no concretamos nuestro encuentro, pero al verte sentado en aquel restauran, no tuve el valor para entrar y verte denuevo, perdóname, se que te falle, por eso es la ultima vez que te molesto. Te dejo esta rosa, de las que le gustaba a tu madre…. era su favorita. Cuídate, te amo." Parado, allí afuera, me sentí pequeño, desolado, aturdido por todo. En silencio guarde la nota y, apretada en mis manos, contuve la rosa.... Nunca más te volví a ver.