martes, 1 de septiembre de 2009

Emisferio sur

Caen sobre los pliegues de la cama, las lágrimas enmudecidas del personaje onírico que nació aquél día de primavera. Sintió el golpe fuerte en sus labios, las manos ásperas le sacaron más que sangre, le sacaron una parte de su interior. Ya no lo puede retomar, se encuentra vació para siempre el lugar, ya no tiene ganas de seguir, no quiere vivir, sólo abandonarse y desfallecer. Las palabras no hacen efecto, los abrazos no se sienten, los besos... sólo son roces de piel. El capricho ganó y resolví no decír nada... nada... nada...

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